divendres, 8 d’agost de 2014

Tito, el Puente más famoso del sur de Monterrey




Aldo González

ESTOY HARTO DE TANTO REMIENDO Y MARTILLAZO: TITO PUENTE
Entrevista a Tito, un puente modesto creado por un grupo de jóvenes sin la intervención de constructoras o el gobierno que se ha ganado la simpatía de sus usuarios.

En febrero de este año, un grupo de jóvenes construyó un puente de madera para poder pasar sobre las raíces de un árbol que obstruían la banqueta, frente a una de las entradas más usadas por quienes llegan y se van del Tec de Monterrey cada día.

Con el pasar de los meses el puente adquirió un nombre, personalidad propia y el reconocimiento de sus usuarios. Pero también se fue deteriorando y ocupó nuevas operaciones que lo han dejado cansado. Ahora aboga por la ampliación de la banqueta sobre Luis Elizondo, a la altura del campus. Por eso emprendió una campaña de financiamiento y habló con Obras Públicas de Monterrey. A 10 meses de su nacimiento, Tito quiere dejar su legado en la construcción de una gran banqueta, robándoles espacio a los automovilistas que se estacionan al lado de él. Sexenio Nuevo León habló con Tito, el puente más famoso del sur de Monterrey, quien quiere dejar de ser un puente.

SNL: Háblanos de tus orígenes. ¿Quiénes son tus papás?
Tito el Puente: Tengo varios papás y mamás. Me parieron los arquitectos de La Covachita y la Unión Mexicana del Diseño, también algunos miembros de La Banqueta Se Respeta y El Narval, que son colectivos de activaciones urbanas, y unos chavos de Funka Lab, una página web sobre urbanismo. Puro joven enérgico, inquieto y con tiempo libre, el necesario para crearme. Como dicen: Yo no tengo madre… ni padre, yo tengo muchos, porque para hacer un puente se necesitan varias manos. Nací sin licitaciones ni apoyos del gobierno o de una constructora grande, de esas de renombre. Yo soy más modesto y vengo de una familia así, modesta.

SNL: ¿Cuáles fueron las motivaciones de tus padres al crearte? ¿Qué planes tenían para ti? ¿O fuiste más bien un accidente, un impulso?
Tito el Puente: Al contrario: fui muy planeado. Antes de que existiera nací en la cabeza de un estudiante de arquitectura del Tec de Monterrey que, como muchos foráneos, vivía en los alrededores de la escuela. Ese rumbo, igual que casi todo Monterrey, es medio dificultoso para los peatones, porque los automovilistas se creen los reyes de la ciudad y se estacionan en las banquetas. No falta el señor que mete su troca en la cochera con medio carro salido, ¿verdad?
Este estudiante de arquitectura pasaba al lado del árbol que yo cuido, un alamillo majestuoso, muy bonito, tan grande que su sombra nos alcanza a mí, a los peatones, a la calle e incluso a una parte del Tec, que está del otro lado de la acera. Entonces este chavo, como todos los estudiantes que caminan sobre ese tramo de la calle Luis Elizondo, tenía dos opciones: pisar las raíces del árbol que crecen por encima del suelo y ya rompieron la banqueta, o invadir la calle, lo cual es peligroso en horas pico. Y el joven arquitecto, además de sus opciones, tenía ideas y amigos, así que acudió a los de Funkalab, la página web de la que te hablé, y ahí publicó la idea de crearme. Algunos se animaron, se organizaron y se fueron sumando más personas que querían ayudar.
Mi periodo de gestación fue muy breve, ¡en dos semanas estuve listo! Y eso que no fueron dos semanas de ocho horas y cinco días por semana, no, porque estos chavos tenían sus actividades, sus cosas que hacer, su vida académica, laboral y social, así que solo se ocupaban de mí los fines de semana. En dos sábados y dos domingos estuve listo. 
Tito el Puente siendo usado por alumnos del Tec de Monterrey. Aunque está hecho de madera reciclada, soporta el peso de varios peatones. "¡Hasta con 3 puedo al mismo tiempo!", subraya Tito, entusiasmado.

SNL: ¿Cómo es tu relación con los estudiantes del Tec? ¿Te tratan bien?
Tito el Puente: Me pisotean, claro, pero para eso estoy: para que me usen, así que mientras más me pisen, por mí mejor. Es una relación muy buena, imagínate, yo quiero mucho a los estudiantes del Tec porque algunos de mis papás estudiaron allí. Soy producto del entusiasmo juvenil, por eso me caen bien los jóvenes y me gusta sentir que les sirvo para algo. Hasta ahora no he escuchado que alguien se queje de mi existencia, al contrario, cuando me conocían se ponían muy entusiasmados y alguno hasta me firmaba en Facebook.

SNL: ¿A poco tienes Facebook?
Tito el Puente: ¡Claro! Aunque me tardé en sacarlo. Los primeros dos meses de mi vida era un puente digamos que sin personalidad. Un puentucho anónimo, bonito, artesanal, curioso, pero falto de carisma. Después a uno de mis papás se le ocurrió construirme un rostro. Es que es difícil que un humano sienta empatía por un puente, incluso por un árbol o una planta, pero cuando nos dotas de cierta personalidad, de ciertos rasgos humanos como una cara o un nombre, la gente se emociona y como que te quiere más. Yo hasta hablo, fíjate, aquí estoy platicando con ustedes, y además tengo Facebook. Esas cosas sirven para que le caigas bien a los humanos.

SNL: ¿Qué cambios ha tenido tu vida desde que te volviste más humano?
Tito el Puente: Precisamente que la gente me hace más caso. Y con Facebook me hice más famoso. Allí en Facebook hasta les avisaban a mis papás que me fueran a reparar cuando me rompía.

SNL: ¿Podrías hablarnos sobre tus fracturas? ¿Cómo has logrado superarlas?
Tito el Puente: La primera vez que me rompí mis papás tardaron en darse cuenta. Alguien en Facebook avisó: “Vengan a reparar el puente que hicieron, se está rompiendo”. Y a mis padres esto los tomó por sorpresa, no tanto porque me rompí sino porque los usuarios, en lugar de repararme, dieron aviso. Uno de mis padres me dijo el otro día que en cierta medida me construyeron para que los chavos que me usan se den cuenta que pueden hacer proyectos por su cuenta, que pueden mejorar su espacio con acciones sencillas. Y estos acomedidos en lugar de hacer eso, pues nomás dicen “arréglen el puente” y ya. Así que mis papás se volvieron a organizar, algunos dieron herramientas, otro dijo que ponía 50 pesos y así fui quedando muy guapo y funcional otra vez.
Pese a los esfuerzos, me sigo rompiendo porque soy de material frágil y porque los estudiantes del Tec que me pisan son muchos y además pesados. Un día yo estaba muy triste porque me acababa de romper y creía que mi destino era ese: estar roto siempre. Así que caí en una crisis emocional, y mis papás me vieron así, triste, entonces uno me dijo: “¿Sabes qué, Tito? lo que a ti te faltan son vacaciones”. Y pensé: "es cierto", así que me fui a la playa.

SNL: ¿Qué lección te dejaron tus días de descanso?
Tito el Puente: Regresé de vacaciones transformado, pintado y con maderas nuevas. Y también me di cuenta que si quiero seguir viviendo, debo renovarme. Así es esto, ¿no? Renovarse o morir. Ahora estoy impulsando una campaña para que la banqueta se amplíe. Ya fui a hablar con Obras Públicas de Monterrey. Me dijeron que preferirían que yo usara materiales más resistentes, que en lugar de ser de madera fuera de concreto para no estar rompiéndome a cada rato.

SNL: ¿Te entusiasma la idea de cambiar tus materiales? ¿Cómo se sentiría Tito El Puente al ser de concreto?
Tito el Puente: Francamente, a mí no me gusta la idea. Yo ayudo a los peatones pero también al alamillo, que además es mi amigo. Es un árbol muy saludable y muy útil. Si tú caminas cerca del Tec de Monterrey, verás que hay un déficit de árboles tremendo; adentro sí hay muchos pero afuera nada. Por eso, aunque suene a berrinche, creo que es importante proteger ese árbol. Y si me hago de concreto, ¿qué pasará cuando sus raíces crezcan? En vez de ayudar a mi compa el alamillo, le estorbaría. 
Por eso mi propuesta es ampliar la banqueta. Lo curioso es que estoy justo frente a un cruce peatonal, ya que del otro lado de la banqueta hay una entrada del Tec que usan cientos de maestros, alumnos y trabajadores todos los días. Por reglamento, los automóviles no deberían estacionarse en ese tramo, porque tiene línea amarilla. Entonces lo ideal sería sustituir esos estacionamientos por una banqueta más amplia. Mis papás ya hicieron las cuentas y se necesitan alrededor de 30 mil pesos para ampliar la banqueta y crearme una “ceja”, por donde camine todo el mundo sin pisar el árbol.
Lo chistoso es que todos los días vemos en los diarios licitaciones y reparaciones de calles, carreteras, construcciones de grandes puentes con los que al lado de ellos yo soy un miserable puentecito, y leemos también las cifras millonarias que cuestan. En cambio yo solo pido 30 mil pesos, pero ya lo sabemos: en Monterrey el peatón es el último eslabón de la cadena alimenticia, como me dijo una vez un ingeniero civil. Así que invertir en un puente para uso peatonal no parece interesarle ni a Obras Públicas ni a las grandes constructoras.
Tito quiere ampliar la banqueta en el espacio usado por automóviles estacionados. Emprendió una campaña llamada La Ceja de Tito, con la que pretende conseguir los 30 mil pesos que necesita para su proyecto.

SNL: ¿Qué va a pasar si no consigues los 30 mil pesos que cuesta el proyecto?
Tito el puente: Si se consigue solo el 10 por ciento, o sea 3 mil pesos, me podría arreglar con eso, ponerme maderas nuevas y fortalecerme. Ya verán mis papás cómo se las van a ingeniar con lo que junten. Pero la verdad es que yo estoy harto de tanto remiendo y martillazo. Yo lo que quiero es jubilarme, convertirme en una banca o en una casa de árbol para niños. Por eso estoy muy entusiasmado con el proyecto de mi ceja: la idea es que se sustituya el cordón de estacionamiento por una banqueta más amplia, primero al lado de mí y después en toda la calle. Un andador para los peatones en esa zona, tan transitada por ellos, imagínate. Sería genial.

SNL: ¿Quién es el enemigo y el aliado de Tito el Puente?
Tito El Puente: No me gusta decir que tengo enemigos porque soy un puente pacífico, buena onda, aunque la gente me pisotee entiendo que para eso sirvo y me gusta servir. Pero si tuviera que elegir a un enemigo, serían los carros que se estacionan al lado de mí aunque la ley diga que no está permitido.
Otro enemigo es el tiempo. Con él tengo una relación amor-odio: me gusta porque me vuelve más sabio, no me gusta porque con el tiempo me rompo fácil.
Sobre mis aliados, obviamente mis padres y madres, todas las personas involucradas en mi concepción y mantenimiento. Igual los alumnos que me saludan todos los días. Pero mi más grande aliado es el alamillo. Pasamos tanto tiempo juntos que nos hemos hecho mejores amigos.
También considero aliado a cualquier humano que emprenda un proyecto a pesar del gobierno o las instituciones oficiales. Creo en ese tipo de acciones, los que son generados desde la ciudadanía y resuelven problemas específicos. Mis papás tenían un problema: No podían circular libremente a causa de mi compa el Alamillo. ¿Qué hicieron? Un puente. Tan fácil como eso.